por Trujo
Dulces viejecitas con cabello blanco. Viejos que son la imagen viva del conocimiento, de la experiencia. Caminar de la mano de tu abuelo, que parece de pronto que no camina, sino vuela, porque desde tu punto de vista es enorme, pero al mismo tiempo tiene la ternura y el tiempo que no tiene tu papá que está demasiado ocupado trabajando, como para jugar contigo… no como tu abuelo. O las abuelas que comparten sus recetas y secretos en los postres familiares con sus nietas, y forman recuerdos imborrables de la infancia. Por otro lado está el abuelo severo, que con una mirada puede solucionar una discusión… o el que se va durmiendo en cada esquina. Las medias gruesas de las abuelas que caen a los tobillos, como tobilleras. Y el olor tan único de la crema que usan desde que tienes memoria. O la sazón de la abuela. O sus cuentos al dormir; mi abuela contaba los mejores cuentos de terror justo antes de dormir… y las narraciones de la revolución cuando eran niños… y tantas y tantas cosas que hacían a un viejo viejo, y coincidían con su apariencia… y me hacía sentir que posiblemente mi viejo supiera cómo ayudarme… qué palabra decir… la anécdota justa.
Hoy, pasando y pasando los canales de la televisión, como se hace cuando tienes como 200 canales y nada que valga la pena para ver, me detuve en uno de esos canales donde pasan telenovelas, y noté algo que tras cambiar a varios canales de telenovelas me confirmó un miedo que no tenía anotado en mi agenda de pánicos personales: los viejos se están acabando, son una especie no solo naturalmente que tiende a pasar a mejor vida en pocos años, sino que nuestra sociedad Wanna Be consumista intenta nunca llegar a tener la cabecita blanca, ni la piel arrugada, ni huecos en lugar de dentaduras perfectas.
Los(as) ancianos(as) decrépitos(as) como una forma de nombrar el género a tratar, así como son para los canales de televisión o las agencias de publicidad… así como los niños pobres sin zapatos y moscas en los párpados, son formas que nuestra sociedad necesita, pero se resiste a formar parte de estas filas, en resumen: la gente ya no quiere envejecer. Quieren el conocimiento y la experiencia, pero no la imagen que conlleva vivir los años necesarios para ser ese hombre o mujer sabios. Y veo con terror cómo las mujeres y muchos hombres de 55 y 60 y 65 años de la televisión (no todas, pero muchísimas) atrincheradas en el pésimo pretexto de que su físico es su herramienta de trabajo, se pasan el bisturí una y otra vez por los rostros, creando máscaras irreconocibles… habrá alguno de ellos que no pueda ver lo que vemos como público en TV, y que nos hace exclamar: ay qué horror!, mira cómo la dejaron… y tan hermosa que era de joven… y bla bla bla, mil conversaciones del salón de belleza, y la carnicería… como cuando la gente, la gente común nos escandalizamos ante la posibilidad de que Sabrina se ponga más bolsas de agua en las tetas, y ahora va por nalgas y para colmo le funcione porque de hecho se habla de ella en el taller mecánico, y la verduklería donde tienen la televisioncita y ven todos esos programas de verduleras y verduleros vendiendo morbo… y nosotros comprando y consumiendo.
Total, que ver a la abuelita de México, doña Sara García a mi personalmente me hacía muy feliz, no la puedo olvidar en sus películas junto a Prudencia Grifel en Los Tres García o La Tercera Palabra, y recuerdo que yo tuve dos abuelitas cabecita de algodón… pero se están acabando, claro… entre la gente que puede pagar miles y miles de pesos por jalarse la piel para parecer personaje de Brazil de Ferry William, porque afortunada o desafortunadamente convertirse en abuelo(a) monster parecer ser una cuestión aun de Status Económico… o sea que los pobres nos arrugamos.
Y a ti… ¿se te arruga?
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